Señor no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.

“Señor no soy digno de que entres en mi casa…”

Efectivamente, ninguno de nosotros es digno. Dios es creador, es esencia. Nosotros somos creación y tendencia. No estamos al mismo nivel. Usar el nombre de Dios se ha vuelto tan cotidiano, tan vano (A pesar de tener un mandamiento que debía evitarlo). Esto de no tomar el nombre de Dios en vano tiene un motivo: las palabras tienen significado. Unas mucho más que otras, sin embargo, sin un uso apropiado podemos terminar drenándoles mucho de su sentido. Generalmente aquí encontramos palabras que refieren a aspectos no tangibles, a conceptos más complejos, como “caridad” “compasión”, “comunión”, “sinceridad”, “simpatía”, y muchas más.

 

Entonces… Dios. El Dios verdadero, el ser inefable, omnipotente, omnisciente, origen de todo… NO es aquel a quien nos referimos cuando hablamos/”opinamos” vanamente diciendo Dios, sino que nos referimos a un objeto de nuestra imaginación, creado a partir de lo que creemos que  debería ser y mezclado con nuestras rupturas y complejos que hemos amasado y están en la cultura.

 

Sin la humildad de reconocer que Dios es un Otro, un Ser fuera de mí y que me antecede, por ende que no puedo descifrar… jamás podré conocerlo. Todas las veces me será esquivo pues mi único nexo verdadero con el es el nombre (denominación) que le hemos dado: Dios; y ya lo habré llenado con otros significados.

 

“… Pero una Palabra tuya bastará para sanarme.”

La raza humana: tu, yo y todos los demás, poseemos infinidad de características que nos permiten infinidad de logros, podemos hacer virtualmente lo que sea… Aún así, con todas esas potencialidades juntas no podríamos entrar en comunión con Dios. 

Sólo su propia palabra, sólo la intención e iniciativa de Dios puede alcanzarnos y lograr esta comunión.

 

Esta “Palabra de Dios”, como bien lo dice San Juan al inicio de su evangelio, es Jesús. 

 

Es la Palabra de Dios que se hace carne para poder acercarnos a su misterio. El Señor Jesús, la palabra del Padre Eterno, inalcanzable a nosotros nos busca y nos educa, se adapta a nuestra naturaleza con imperfección: perdonando y amando, es decir, expresando así la esencia de Dios del modo más claro que nuestra naturaleza humana es capaz de comprender: amor y misericordia. 

 

Dado que el ser humano no es solo mente, ni solo cuerpo, ni solo espíritu, su enseñanza es plena respecto a nuestra naturaleza y se expresa en todas sus dimensiones.

 

Desde entonces y hasta el último de los días, a todo aquel hombre a quien Jesús toque en la mente (doctrina), espíritu (oración) y cuerpo (eucaristía) se le permitirá la verdadera comunión con la esencia del Dios verdadero: el inefable, omnipotente, omnisciente, esencia, origen y fin de todo lo tangible e intangible.

Ese es el fin de todo hombre, caminemos con humildad para poder reconocer las huellas de Dios en el mundo y poder así encontrarlo a Él

Por Carlos Xavier Zambrano

.Imagen

Anuncios

“¡POR MI CULPA! ¡POR MI CULPA! ¡POR MI GRAN CULPA!”

Imagen

En una clase, un profesor explicaba que no pocas veces el ser humano cae en una fuerte autocrítica, se reprocha y culpa por las cosas que no logra hacer bien, esto lo lleva a acusarse a sí mismo de ser menos. En eso una alumna dice con acento sardónico “Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa” haciendo alusión a este fragmento de la oración “Yo Pecador”, sonriendo, sintiéndose orgullosa de su creativo comentario. El profesor educadamente mencionó que no era cuestión de algo religioso, sino de un deseo de perfeccionismo.

Ante la escena, de repente, reflexioné acerca de esta frase. El Kyrie es el reconocimiento de la propia falta ante Dios. Es admitir que he hecho uso de mi libertad y mi conciencia y que la he aplicado hacia un plan propio, sin consentimiento de Dios y como resultado he errado. Ahora, si deseo retornar a su redención, no puedo obtenerlo solo. Sólo Él puede devolvérmela.

Pero lo que deseo rescatar de aquella libertad que me llevó a obrar mal y de reconocerme culpable es que también me llevaría a reconocer que soy LIBRE, que el plan de Dios no se impone sobre mi, tampoco supone la represión de mi voluntad. Sino, más bien, supone el uso de mi libertad y voluntad plena y se cumple a pesar de mi.

Me interesa resaltar este factor por las personas que tienden a victimizarse por la tiranía y crueldad de la mala fortuna, que aparece como algo que se le impone desde afuera y que no hay otra alternativa que padecerlo.

Si decimos “mi culpa” podemos decir “yo fui el autor y actor”, es decir, “yo pude hacerlo”. Entonces soy capaz de hacer mucho más de lo que me creo capaz. Es más, casi podría decirse que se espera que lo haga y al hacerlo se espera que falle a veces, porque existe el perdón y este gran don presupone que van a haber errores de mi parte. Errar es parte del proceso.

Ergo, para cumplir este proceso debo ejercer mi libertad y equivocarme. ¡Debo vivir! Si en ocasiones he reconocido que mi culpa  y responsabilidad fue grande, esto también me dice que mi libertad y mi poder para generar cambios en mi entorno es grande. Dios quiere que el hombre sepa lo importante que es y la diferencia que hace su presencia y sus acciones.  Es una reflexión importante para descubrir el valor y el poder que llevamos cada uno.

 

26/06/13

Carlos Xavier Zambrano.


“Hasta que la muerte los separe”

tumblr_ln6a6o8WOc1qcnhhzo1_r1_500_thumb               

Hace unos meses atrás sucedió uno de los acontecimientos más felices de mi historia: Mi mejor amigo había contraído matrimonio con una muy buena chica. Ella, su mejor amiga. Fue bastante emotivo verlos juntos frente al altar, cuya misa fue presidida por un Sacerdote, quien en tiempos pretéritos fue nuestro formador, pero que no ha dejado de ser nuestro amigo. Estuvimos allí amigos de él, de la esposa, familiares. Todos sus más allegados nos habíamos reunidos para un evento grande y hermoso, tanto para los ojos de Dios, como para cada uno de los invitados.

Recuerdo uno que otro diálogo con mi mejor amigo acerca del tema de tener enamorada, tener una esposa –no más de una, por favor – tener hijos, formar una familia. Verlo a él hablar de este tema, escucharlo era –aún sigue siendo – algo genial. Como yo soy unos años menor y además como tenía otras cosas en mi mente, no podía apropiarme de su sentir con respecto al tema, pero sí acompañarle como amigo. Y hoy ya tienen algunos meses de casados y ella está en estado. Una bendición más para su matrimonio que la han recibido con mucha alegría y también con cierto temor, pues esto es una gran responsabilidad, no solo el hecho de ser padres y esposos, sino por un hecho que es la raíz de todo: AMAR

Este escrito inicia con una introducción bastante dulce, el inicio del matrimonio, pero pareciera que el título del mismo, no ayuda. Sin embargo me adentraré en otro aspecto del matrimonio, cuando la muerte asoma a uno de los cónyuges, aunque es algo triste, es algo que sucede y sucede en cualquier momento como ha acontecido hace unas pocas horas de este día miércoles en casa de unos vecinos.

¿Quiénes son los vecinos de los que hablo? Un par de ancianos, ellos conocieron a mi madre cuando ella me portaba en su vientre. Cuando tenía menos de diez años me regaló un familiar una bicicleta y empecé a andar por los al rededores de la cuadra de mi casa y por esos momentos, me hice amigo del nieto de aquellos ancianos, se llama José. Los dos andábamos en bicicleta por la cuadra y ya sea mi abuelo, o el abuelo de él nos observaba, nos cuidaba. Los abuelos de José lo criaron a él, por decirlo de una manera, sus abuelitos fueron como sus padres.

Me atrevo a creer que cuando esta parejita de ancianos se casó, cuando aún eran muy jóvenes, su corazón se llenó de dicha, quizá igual o más que la dicha que vi de mi amigo con su esposa. Y ¿Cómo me atrevo a pensar esto si jamás estuve en la boda de mis vecinos? Pues sencillamente porque ellos pasan los 80 años y siguieron juntos, porque obedecieron a Dios, no fue la mano humana quién los separó, tampoco me atrevo a decir que fue Dios, como si Dios fuese un sanguinario y sádico que le gusta ver a sus hijos sufrir, sino que la naturaleza corpórea ya había cumplido su ciclo de vida y se advenía la muerte. Ellos cumplieron lo que dice el sacerdote en la liturgia de matrimonio: HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE. Y la muerte que muchas veces es ajena a nosotros y nos solemos olvidar de ella, ya sea consciente o inconscientemente, y quizá de alguna manera consentimos el hecho que no vamos a morir nunca.

Debo admitir que esta parejita de ancianos siempre fue un ejemplo para mi, verlo andar por la cuadra al señor con la señora en silla de ruedas porque ella ya no se podía valer tan autónomamente, sus fuerzas la estaban abandonando de a poco; sin embargo, aunque sus fuerzas la traicionaban, estaba con su esposo que con su libertad, él se convertía en las fuerzas que a ella le faltaban, de las que carecía, pues a su cuerpo envejecido se le agotaba el tiempo.

Era hermoso verlos, que aunque sean personas distintas y autónomas –en cierta manera–  él estaba allí para ella y por ella, en este caso, en la enfermedad y en la ancianidad. Una amistad conyugal que se fue alimentando en los años por ser responsables el uno con el otro, ser co responsable de la felicidad del otro. Saber que uno no puede ser feliz a solas, sino que necesita compartir la felicidad propia con otra persona, y que esa persona necesita compartir la suya, y ¿Para qué? Para ser feliz tanto en singular como en plural. Ser feliz en singular, es decir, ser feliz un yo porque causa de un tú. En plural, es ser feliz en pronombre de nosotros. Y vuelvo al singular, ser feliz porque ya no se es un tú y un yo aislado, es más que un nosotros. Sino que se es uno. Uno en muchos aspectos que el sacramento del matrimonio deja a los esposos ser UNO. Pero aquí resalto el hecho de acompañar y dejarse acompañar por aquella persona que escogiste amar, pese a ti, pese a él.

Ahora, tantos años juntos y de pronto aparece la muerte y se precipita el adiós, el adiós que se le dirá a la persona que Dios ha puesto para que te santifiques en el amor en el caminar. Adviene la separación por algo sumo, el descanso en Dios. Algo que no comprendemos al 100%, al menos no en esta vida. Y aunque se pueda ser Cristiano y estemos en paz con nosotros mismos, los demás y Dios, sabemos que después de esta vida hay otra mejor, no deja de entristecernos la partida de un ser amado porque ya no lo veremos jamás en esta temporalidad. Se vive muy humanamente este tránsito de la muerte, aunque con esperanzas, también con dolor y ¿Por qué no? En cierta manera con algo de angustia o miedo, pues no hemos sido para la muerte, sino para la vida, hemos sido hecho para ser uno con otro, y no para separarnos de los que amamos. Pues cuando se ama y llega el momento de separarse, no deja de ser una experiencia dolorosa.

Pero sabemos que esta vida no es el fin de todo, pues sí, el sacerdote dice esta frase que puede sonar y resonar muchas veces en nuestro interior: “Hasta que la muerte los separe”. A mi parecer, sin ganas de ser herético -y quizá sí, pecando de romántico- me digo que esta frase, aunque es real, es incompleta. Es verdad porque la muerte existe, pero también es verdad que después de esta vida nos reuniremos con aquellas personas que amamos de una manera particular. Sería hermoso escuchar: “Hasta que la muerte los separe, y hasta que la resurrección los vuelva a unir como hermanos…”


Una declaración de amor

 

Hace unos días atrás se me vino a la mente la frase “Una declaración de amor”. Desde que era adolescente esta frase la vengo escuchando con mayor frecuencia. En la adolescencia inicia ese interés por el sexo opuesto –en el mejor de los casos- ya sea para encontrar una buena, saludable y sólida amistad o para llevar la amistad a otro nivel: el enamoramiento.

 

Así muchas veces amigos míos –yo también- me he visto en esa épica empresa: Conocer a alguien para luego hacer esa “declaración de amor”. Conforme vamos madurando la declaración de amor va tomando cada vez matices más auténticos, dejando a un lado el simple hecho del gustar de una persona, pues estamos hablando de instaurar las bases para una amistad con una persona y nos encontramos con conceptos como: libertad, respeto, interdepedencia; y también conceptos que pueden intoxicarnos sino conocemos nuestros afectos ni sabemos cómo gestionarlos: dependencia, subyugación, dominación, entre otros.

 

No nos vendría mal hacer un ejercicio de recordar las veces que nos hemos declarado a alguien y esta persona nos ha correspondido. Saber que hemos transitado una camino de un “conocernos” y que quererse solamente como amigos ya no basta, no es suficiente, sino que deseas mostrarle tus afectos de una manera distinta y particular. También se puede hacer memoria las veces que alguien se nos ha declarado y ha puesto en juego lo más íntimo de sí: su corazón. No obstante, que yo me declare a alguien, no significa –necesariamente- que la persona me acepte. Así también les invito a hacer memoria las veces que alguien nos ha dicho de alguna manera y las veces que nosotros mismo hemos dicho como dice cierta letra musical “te lo agradezco pero no”.

 

¿Qué es una declaración?

 

Según lo que estuve investigando en uno que otro diccionario es: “manifestar lo que está oculto”. “Manifestar sentimientos, intenciones, afectos”. No es novedad que todos tenemos una intimidad y que a pocos se develamos, y solo a esas personas le decimos eso que ocultamos al resto: un secreto.

 

Acerca del Amor

 

Bueno no pienso dar una definición que calce para todos. Unos dicen que es un afecto, otros que es una decisión. Como afecto –a fe mía- el amor es algo que se siente, sin embargo como decisión es algo que se piensa y que se reza. Pero para que la decisión de amor sea sincera y auténtica debemos pasar por el filtro del conocimiento y después de ello ver si es o no viable declarar amor, aceptar una declaración o no. Sin embargo el Amor presupone obras, mas no las exige, solo se dan.

Una obra de amor que puedo citar es el Matrimonio que lastimosamente está pasando por una crisis muy fuerte, con esto también la familia. Lastimosamente estamos en una época en que todo se lo quiere hacer desechable. Si se dañó tíralo a la basura. Antes no, si algo se dañaba, se lo reparaba. Vemos como se nos ha metido en nuestras mentes criterios consumistas que incluso en el amor -consciente o inconscientemente- los usamos.

 

… Y sin embargo…

 

Sin embargo, una vez escuché lo que es el amor y me pareció interesante: Dar la vida por otra persona. Pues solo un corazón que realmente conoce, pero no a modo frío, sino que también se apasiona es capaz de dar este salto. Amar solo de mente o solamente de pasiones es castrar la dimensión de la vivencia del Amor y del Amar y ser Amado.

 

Por eso en esta Semana Santa, en el Santo Triduo Pascual, no seamos espectadores de lo que hizo Cristo por ti y por mi, sino que acompañemos, a Él que nos dijo que “no hay mayor que el que da la vida por sus amigos” y Jesús la dio por sus amigos. Sin embargo también nos dijo “Ama a tus enemigos” Y Él en la Cruz los ama, reza por ellos, intercede ante Dios Padre para que no los condene porque le están dando la pena de muerte. Como abogado que es Él para la humanidad apela no solo a la justicia del Padre, sino a la Misericordia de Él, pues Ratzinger nos dice que la justicia de Dios es la Misericordia, porque no juzga por las obras solamente, sino por las intenciones del corazón que cada uno tenemos. Es verdad que puede ser grave un pecado cometido hacia alguien, sin embargo es más dañino aquel pecado que se queda en nuestro corazón y nos va destruyendo.

 

Para terminar, para esta Semana Santa, examinemos nuestro corazón y vayamos donde nuestro Maestro que nos enseña a amar y que este amor no solo es un morir y sufrir, este amor es fecundo, es resucitar, felicidad, reconciliar, sanar… aunque haya dificultades. Declaremos nuestro amor como el Amor se declaró, tanto en la cruz como en la resurrección. 


14 de febrero

Ayer, doce de febrero, después de misa una amiga nos comentó lo mucho que le gusta la canción “more tan words”. Yo a ella le comentaba cual es la parte de la letra que más me gusta, aquella parte que dice “All you have to do is close your eyes  and just reach out your hands, and touch me, hold me close don't ever let me go”. Minutos después llego a mi casa tomo mi guitarra que me la regaló hoy por hoy una amistad –digamos que diferida- y me puse a entontar aquella canción. De un momento a otro me percato de mi mismo, además de disfrutar la canción es que estamos cerca de una fecha que a muchos les alegra la vida, a otros se las entristece, a unos más les entristece el bolsillo y para otros es solo otro día más sin más ni menos. Sí, estoy hablando del 14 de febrero.

Unos le llaman el día de San Valentín y no saben que la Iglesia Católica venera a tres santos que coincidentemente tienen ese nombre, y no saben acerca de la vida de ellos. Otros le llaman el “día de los enamorados” y otros de manera “más universal”: “El día del amor y la amistad”.

Yo prefiero llamarle “el día del amor y de la amistad” ya que ahí podemos encajar todos. Todos los que tienen pareja y todos los que no tienen, pero saben disfrutar de la amistad ya sea con una persona del mismo o distinto sexo. Es decir, si nos da la gana todos podemos entrar en la misma colada con mayor o menor infelicidad.

Y como en todo siempre debe existir un símbolo, en este caso un angelito que anda en pañales y que con su flechazo enamora a las parejas. Con cierta gracia escucho a personas que cuando no les va bien con su pareja dicen “este esbirro servidor de Satanás, me flechas con el equivocad@” Solo diré que con respecto a las elecciones de parejas, buenas o malas, ese angelito, ente de razón, solo existe en la fantasía, y hagámonos cargo de esas elecciones que son fundamentales para nuestro crecimiento personal

La palabra AMIGO

No me extenderé mucho en esto, solo citaré una frase que reza del siguiente modo “amigo es aquel que lo sabe de ti y sin embargo se atreve a ser tu amigo”. Pues cuántas veces muchas personas se han atrevido y de modo muy atrevido (perdonen la redundancia) a ser nuestro amigo, porque a veces pareciera que hacemos puntos para que no lo sean. Y así mismo muchas son las veces en que hemos apostado por una persona a la cual indiscutiblemente le llamamos AMIGO. Y más aún Nuestro Señor Jesucristo que Él lo sabe todo de ti, todas tus “maravillas” y no se agota en querer ser amigo tuyo y mío.

…En cuanto al día del Amor

Hay que reconocerlo, este día 14 de febrero ha caído en algo comercial. Muchos se dicen “es 14 de febrero debo comprarle algo a ella/él, algún detalle”, “vamos a salir a cenar”, entre otras cosas. Pues sí, los detalles simbolizan algo, y mientras lo simbolicen bien existe algo más allá del mero consumismo, sin embargo el consumismo nos asalta y con comerciales altamente seductores. También debo decir –aunque sea quizá de mal gusto para algunos- que muchas parejitas este 14 de febrero van a hoteles a tener relaciones sexuales sin haber tenido una madurez en su enamoramiento y dejando a un lado el Plan que Dios tiene en nosotros con respecto a la sexualidad y la relación sexual. Y si algo sale mal, como por ejemplo un embarazo no deseado no muchos se quieren hacer responsable de ello y buscan salidas nada responsables para ello.

Sigo paladeando la palabra AMOR y me encuentro con una frase “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos” Jn 15, 9 – 17. Recuerdo con esta frase una escena en mi vida, estaba con mi mejor amiga conversando una noche, y me di cuenta que teníamos muchos años de conocernos y de querernos y que a esa altura del partido lo que yo sentía por ella ya no era un querer, sino que sentí que la Amaba y ella a mi. Todo esto en el ámbito de la amistad, y nos dijimos que nos amamos el uno al otro. Después caigo en cuenta en el calibre de frase que nos dijimos y me pensé: Santos Cielos!!! Le dije en otras palabras: Por ti yo daré mi vida y ella por mi los mismo. Sentí miedo, pero lo haría, valdría la pena, pues la amo. No mentiré que tiemblo cada vez que recuerdo eso, pues es un compromiso grande este. Y debemos tenerlo muy en cuenta todos que amar es eso, un compromiso de dar la vida por el otro y que si alguien nos ama hará esto por mi o por ti. Aprendamos a no banalizar esta palabra que es muy fuerte y que tiene un peso grande tanto en la amistad como en la amistad dentro de un enamoramiento sincero en Cristo. Pues Él ya dio la vida por nosotros, nosotros no debemos esperar en dar la vida por nuestros hermanos y también darla a Él. Porque sobre todo este 14 de febrero que se dice que es el día del AMOR, que sea el AMOR en mayúsculas. Porque Dios es AMOR. 


Un abrazo, un pedazo de eternidad en una realidad líquida

No se que sea el cielo realmente, pero debe parecerse a esto, a este abrazo que te doy, a este abrazo que me das, a este abrazo que nos damos. Pues el cielo no es un lugar, el Cielo es encuentro con Alguien, es la bienvenida a la eternidad, es un abrazo a lo eterno, no solo estar con alguien, sino ser en y con alguien. Que ese alguien te complemente y llene esos espacios que con tus propias fuerzas y esfuerzos jamás podrás.

Como dice una canción: “yo solo no me basto, quédate”. Muy probablemente el autor el autor de la canción lo diga en otro sentido, pero aquí quiero darle mi propio sentido para desarrollar lo que escribo.

Es tener que aceptar con toda honestidad y humildad – además de amorosamente – que aunque naciste solo, solo necesitamos de los demás, de otro y de Otro. Un otro que fueron nuestros padres, otro que será con quien compartiremos nuestra vida hasta la muerte. Y ese Otro que nos pensó y amó con su propia esencia, amor y eternidad. Es otro que es el mismo Amor, y ese Amor que debe ser el eje de nuestra vida para sanar nuestras neurosis.

Más hondamente, ese es el cielo, es amor. Es el amor que nadie vio, que nadie oyó y que ni una mente jamás imaginó. Ese cielo es mejor que este abrazo que nos damos, pero este abrazo es camino, mujer puedes tocarme y curarme, besarme y matarme, pero te prefiero como parte del cielo, no del infierno del desamor.

Deseo terminar esto con un poema que nació en este instante

Cielo

Te ansío, pero con recelo

En el hastío de no tenerte

En la ansiedad de no merecerte

En la necesidad habitarte

Con la esperanza de en el amor amarte


Aquellos días hermosos

Aquellos días hermosos
cuando creía imposible
estar lejos de ti
aunque invisible
eras tan posible
un amor que no merecí
y hoy amor, no te correspondí
¿cuántas muertes probarás?
Muchas sonrisas robarás
Hoy ven a mi
que de rodillas estoy ante ti
Divino calor
Sacramento del amor